martes, 30 de septiembre de 2025

MI RINCÓN


    Por si me queda mucho o poco tiempo, por si suena la música y me requiere, la vieja dama, el baile prometido; para esa hora, para ese momento he reservado un pequeño rincón en una encrucijada de caminos del Valle de Corneja; un lugar, desde donde al abrir las ventanas podré ver Peña Negra, la Cruz del Cerro y sentir, sin ver, la Ermita de la Vega. Allí, junto a un puente, que une dos orillas, y un cauce sin agua, en demasiados meses del año, he levantado ese hogar, cuando llegue la hora de que venga la vieja Dama a requerir mi baile.

    Bajo un viejo árbol, próximo al puente de madera, he levantado mi hogar con mis recuerdos, ¡triste material para tan largo viaje! Lo adornan, en primavera, campanillas blancas y amarillas; y cuando el verano este a punto de llegar, se vestirá con el rojo de las amapolas que adornan los campos que rodean el rincón.

    Será tan pequeño el lugar, que no podré llevar conmigo ni maleta, cuando llegue la hora de mudarme; tan sólo podré llevar conmigo lo que almacene en mi memoria y con lo que voy decorando sus blancas paredes

    Sobre ellas el reloj que marcaba las largas horas de mi infancia, aguardando que sonará un timbre que anunciaba el fin de la jornada escolar, mientras a través de una alta ventana de madera veía como transcurrían las estaciones en el jardín versallesco que servía de recreo y patio de juego a los niños, y ahora es el paseo de mis pasos de adulto. De aquellas largas horas me llevo el color amarillo de los piornos que crecen en la ladera de Peña Negra y anuncian como anunciaban, entonces; la llegada de un nuevo verano.

    Poblará mi rincón el aroma de la tierra húmeda, cuando caen las primeras gotas de lluvia; de las lilas de la calle Fortaleza y Gabriel y Galán o de la Media Luna del Jardín del Palacio de los Duques de Alba, cuando empieza a florecer una nueva primavera; el aroma del pan recién hecho de la plaza de los herreros cuando regresabas a casa, tras una larga noche de fiesta; el dulce aroma de la calle pilillas mientras se horneaban en el obrador: tartas de yema, pezuñas, milhojas....

    En ese lugar, mi rincón, me gustaría conservar el eco de un sonido, entre otro muchos, el sonido de los cencerros, que en los últimos días de agosto poblaba mi habitación, cuando llegaba la Feria; y los ganaderos del valle, siempre, entonces a píe, traían a sus vacas hasta el cerro, pasando por la vecina calle Ávila. Me gustaría conservar el eco de una dulzaina, un tambor y un redoble, anunciando en un atardecer de septiembre que la Virgen de la Vega llegaba al Alamillo.

    Llenaré mi rincón, con el sabor, ya perdido de las pezuñas, milhojas, bollos de leche, bambas, bartolillos, de las pastelerías cerradas en el pueblo; de los huevos del Vine Tree, junto a los sabores de los pucheros de mi madre.

    Adornare las paredes de esa mi morada con la imagen de un parque nevado en una mañana de invierno; del amarillo de las flores que anuncian la llegada de la primavera en la calle Fortaleza; de los toldos que rememorando a Goya anuncian la inminente llegada del estío; y de nuevo el amarillo, el amarillo de los árboles de la plaza cada otoño, la época más hermosa de Piedrahita y del Valle del Corneja.

    Adornarán, también, las paredes de ese hogar, cinco sonrisas, cuatro que alegraron mis sueños de niño y la otra que, hoy, es mi faro en esta tierra castellana. Serán el rostro de una reina de encarnados mofletes, un don Quijote que soñaba molinos en las caras de los niños que ante ellos corrían; un ogro que nunca consiguió dar miedo a nadie, y una pepona, tocada con un sombrero de color rojo y la otra sonrisa, la quinta, la que aún perdura e ilumina el Valle, la de la Virgen de la Vega.

    Soñaran, aunque yo no este, junto a mi, los poemas de José Somoza, Gabriel y Galán o Félix Pacheco; las historias del mismo Somoza, López Sedín, Lunas Almeida, Luis López, Daniela o Elvira; en las que me sumerjo muchas veces, demasiadas, cuando el pueblo olvida los blasones que un día hicieron al piedrahitense lo que es y que cantaron sus poetas.

    Estas cosas que forman parte de mi rincón, son las cosas, con las que he llenado mi corazón y que nadie podrá arrebatarme, porque son mis recuerdos. Lo que la vida me ha regalado de la mano de mis padres, de mis amigos, de mi pueblo, Piedrahíta.

AUTOR.- Víctor Hernández Mayoral.
IMAGEN.- Obtenida de Inteligencia Artificial.

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